lunes, 19 de octubre de 2009

Fricción reducida

Los análisis y pruebas siguieron prolongándose, pero el interés sobre el sujeto por parte de algunos científicos iba disminuyendo.

Esto fue hasta que se produjo la primera fricción. Fue durante unas pruebas de Rayos X. Ni los presentes durante la fricción pueden explicarse como pasó, pero lo que si que habían apreciado era el gran cambio que se había producido en la anatomía de ser; ahora poseía boca, nariz, orejas y demás rasgos características de un ser humano. Sin embargo, lo que mas llamó la atención fueron sus cambios a nivel interno: ahora poseía órganos y tejidos diferenciados. Lo que antes era una masa constante y uniforme dio lugar a un esqueleto, musculatura, aparato digestivo, aparato circulatorio,... que se asemejaban mucho a los de una persona. Todo esto fue acompañado de un descenso de la temperatura en el ambiente.

Algo que no cambió de forma significativa fue su sistema “nervioso”, que aunque ahora ocupaba el espacio en el que se encuentra el cerebro en un homo sapiens, seguía siendo una cavidad hueca con dos masas que en ese instante orbitaban una alrededor de la otra, pero no parecía que fuera a durar mucho tiempo.

Ese día, los agentes Simmons y Bujold encontraron bastante difícil dar crédito a los impulsos que percibían a través de sus ojos. Después de 6 largos días de completa inactividad por parte del sujeto, ver que en unos instantes se producía ese gran cambio, era algo que costaba creer. Sin embargo, ahí estaba, delante de sus ojos, con apariencia de ser humano, pero con la inactividad de siempre.

El ritmo de pruebas se incrementó hasta alcanzar los niveles de los primeros días, pero aun así fue imposible predecir el siguiente cambio. Lo que comenzó con un ligero aumentó en la velocidad de rotación de las dos masas en fricción se tradujo exteriormente en una reducción del tamaño del ser de forma constante. Se comenzó un control minucioso sobre el encogimiento descontrolado tan pronto como se pudo, para así poder entender como se produjo esa reducción.

Lo único que podían apreciar los dos agentes a través del cristal blindado era como el espécimen “sudaba” partículas sólidas que precipitaban en el suelo a medida que iba haciéndose más pequeño. Por lo visto el ser se estaba deshaciendo de partículas para así poder optimizar su volumen mientras iba disminuyendo de tamaño. El análisis de los diferentes resultados debía producirse mientras el ser se reducía lentamente ya que se desconocía hasta cuando iba a estar encogiendo y cual iba a ser el resultado.

La impresión general que se obtenía al observar los resultados era de que todo disminuía de forma proporcional. Bueno, casi todo. Había algo que no seguía las leyes de proporcionalidad mientras el resto del cuerpo iba encogiéndose. Se trataba de la cavidad que contenía las dos masas móviles que tanto habían dado que hablar. Aunque cambiaba de forma para adaptarse al resto de elementos que se reducía, mantenía su volumen constante. A medida que la cabeza iba encogiéndose, la cavidad iba extendiéndose por el cuello y el tronco superior. Este mantenimiento del tamaña del hueco debía de ser compensado con algo, ya que se encontraba ocupando zonas que no lo correspondían. Empezó con la reducción muy pronunciada de los músculos del cuello seguido por la posterior desaparición de los mismos, quedando desprovista la cabeza de cualquier tipo de movimiento.

La reducción siguió una vez sobrepasada la marca de la mitad de su tamaño original. La materia de deshecho seguía acumulándose alrededor del ser y ya empezaban a ocupar un volumen considerable. Sin embargo ya empezaban a surgir problemas ventilatorios del aparato respiratorio. Fue cuestión de minutos que el ser se desmayara y se hundiera entre la materia que había desechado.

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